5 personas narran en "Amapola negra" la I Guerra Mundial desde distintos ámbitos

Francisco Melero llega al Club de Lectura con una novela histórica

Con motivo de la celebración del Día del Libro no podía faltar en el Club de la Lectura de Almodóvar una obra importante que comentar con su autor. En esta ocasión es el catalán, Francisco Melero, un escritor con lazos personales que le vinculan a la pedanía de Fontanosas quien se encargará de analizar, debatir y recibir las críticas constructivas de los componentes de este Club para su novela “Amapola Negra, I Génesis 1914”.

   Una novela histórica que habla de la I Guerra Mundial “desde los dos bandos, como nunca se había hecho”, decía el autor, y ponía de relieve el hecho de que detrás de los datos históricos también se encuentra un fuerte componente humano que supone un elemento de enganche para el lector, “es una novela muy humana”.

   En “Amapola negra” uno de los personajes protagonistas es español, “en su momento creía que estaba salvado el tema como siempre se ha dicho que España era neutral, pero en la revisión histórica que se ha hecho se ha visto la implicación también de España”, por eso incluye a un empresario español que tiene que negociar con los dos bandos para intentar sacar provecho.

   Para este escritor “es un honor grandísimo estar en un Club de Lectura por el que han pasado escritores como Lorenzo Silva o María Dueñas”. En la tarde de este jueves, 23 de abril, llegará el diálogo directo entre escritor y lector para comentar “con total libertad” este libro.

   Francisco Melero ya tiene en el mercado un nuevo trabajo, “Futbolopatía”, esta vez en clave de humor

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Tal día como hoy 23 de abril de 1616 fallecía Gómez Suárez de Figueroa, Inca Garcilaso de la Vega

Cronista hispano-inca, hijo de uno de los compañeros de Pizarro, Sebastián Garcilaso de la Vega y Vargas, y de una princesa de sangre imperial de los Incas, es conocido como


El Inca Garcilaso de la Vega. Nació en Cuzco en 1539 y murió en Valladolid en 1616.

El capitán español Sebastián Garcilaso de la Vega y Vargas llegó a tierras americanas, a sus 35 años, con el ímpetu y el afán arrollador del conquistador, respaldado por su alcurnia y sus armas. La palla Chimpu Ocllo habla quechua, su alto linaje no la protege del fragor de la conquista, su único vínculo con lo hispano es el nombre Isabel con el cual la bautizaron. Ninguno conoce "al otro" y sin embargo el capitán y la ñusta se encuentran, y establecen sus propios códigos de comunicación: para él no será el primer hijo, para ella sí. La suerte incierta de un genuino mestizaje está echada.

La segunda parte, la mejor

Escribir sobre El Quijote es condenarse a no ser original. Con toda seguridad, ya alguien ha dicho alguna vez cualquier cosa que a uno se le pueda ocurrir. Y además, la bibliografía quijotesca, o cervantina, es inabarcable. De hecho, hay hasta bibliografías sobre las bibliografías de El Quijote, tanto en español como en otros idiomas. Así que desecharé cualquier pretensión de singularidad en este modesto artículo.

Lo que hizo Don Quijote a su paso por Barcelona

El caballero creado por Cervantes vivió en la ciudad algunos de sus más célebres episodios 

Siempre ha llamado mucho la atención de los lectores y los estudiosos del Quijote que el Caballero de la Triste Figura o de los Leones, como se hacía llamar por entonces, y su escudero Sancho Panza, claro, acabasen yéndose a Barcelona, y es natural su curiosidad, asombro e incluso perplejidad. ¿Por qué Cervantes los mandó a Barcelona y no, pongamos por caso, a Cartagena o, mejor aún, a Sevilla, o, por qué no, a Lisboa?

Fallece Raymond Carr, el gran historiador de la España contemporánea

Carr se interesó especialmente por los avatares históricos de la España de los siglos XIX y XX y entre sus obras destacan 'España 1808-1939' (1966), considerada "un clásico" por muchos historiadores, que han elogiado su objetividad.

Raymond Carr, fallecido este lunes a los 96 años, fue el gran historiador de la España contemporánea, se le consideró creador de la escuela británica de hispanistas y también dedicó parte de su carrera de investigación a temas latinoamericanos. Sir Raymond Carr, que fue galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales en 1999, nació el once de abril de 1919 en la localidad de Bath (Reino Unido).

Licenciado en Historia y doctor en Letras, a lo largo de su carrera compaginó la actividad docente con la investigación histórica, lo que le llevó a presidir la Sociedad de Estudios Latinoamericanos (1966-1968) y a enseñar Historia Latinoamericana en la Universidad de Oxford de 1967 a 1968, año en que fue nombrado director del St. Antony's College. Su afición por la historia de España comenzó en los años cincuenta, especialmente a partir de la visita que realizó a la localidad de Torremolinos (sur) durante su viaje de novios.

Carr se interesó especialmente por los avatares históricos de la España de los siglos XIX y XX y entre sus obras destacan "España 1808-1939" (1966), considerada "un clásico" por muchos historiadores, que han elogiado su objetividad.El historiador Javier Tusell señaló de ese libro que fue "absolutamente decisivo" para la generación que se educó a partir de mediados de los sesenta.

La carta que Mark Twain escribió a su hija haciéndose pasar por Santa Claus


Algunos escritores tuvieron relaciones muy especiales con sus hijos, como es el caso de Mark Twain. Twain se casó con Olivia Langdon en 1870 y tuvieron rápidamente un hijo (Langdon, que murió de difteria cando tenía 19 meses). A este primer hijo le siguieron tres hijas: Olivia Susan (Susy), Clara y Jane. Susy, la mayor, escribiría a los 13 años una biografía de su padre (sobre la que el escritor diría: “he recibido cumplidos antes, pero ninguno me ha tocado como este; ninguno se aproxima a este en valor a mis ojos”) e inspiró personajes en la obra de su padre. Cuando tenía 24 años, y mientras su familia estaba en Europa, murió de meningitis (algo que hizo muy infelices a Twain y a su esposa).
Pero antes, cuando era una niña de tres años, todo eso estaba muy lejos y Twain se encargaba de hacer que la Navidad fuese una fecha especial, como demuestra esta carta navideña que le envió haciéndose pasar por Santa Claus. Susy se la encontró en su cama al despertarse y, cuando la leáis, comprenderéis que es el comienzo de un juego fantástico (el original en inglés está en Letters of Note)

“Palacio de San Nicolás

En la Luna.

Mañana de Navidad

Mi querida Susie Clemens:

He recibido y leído todas las cartas que tú  y tu hermana pequeña me habéis escrito de mano de tu madre y de tus niñeras; también he leído aquellas que vosotras pequeñas personitas habéis escrito con vuestras propias manos – incluso aunque no uséis los caracteres que aparecen en los alfabetos de los adultos, usáis los caracteres que todos los niños en todas partes del mundo y en las estrellas brillantes usan, y como todos mis súbditos en la Luna son niños y no usan caracteres sino eso, entenderás rápidamente lo fácil que es para mí leer tus fantásticas marcas y las de tu hermana sin problema. Pero he tenido problemas con aquellas que le dictabais a tu madre y niñeras, porque soy extranjero y no puedo leer el inglés escrito muy bien. Verás que no he cometido errores en las cosas que tú y tu hermana pequeña pedíais en vuestras propias cartas – he bajado por vuestra chimenea a medianoche cuando estabais dormidas y las he entregado yo mismo – y os he dado un beso a cada una, también, porque sois buenas niñas, bien educadas, con buenos modales y las más obedientes pequeñas que he visto jamás. Pero en la cartas que dictaste había algunas palabras que no pude entender con certeza y uno o dos pedidos no los he podido cumplir por falta de stock. Nuestro último lote de muebles de cocina para muñecas se acaba justo de ir para una niña pequeña muy pobre en la Estrella Polar, en el frío país más allá de la Osa Mayor. Tu mamá te puede enseñar qué estrella es y podrás decirle: “Pequeño Copo de Nieve (ese el nombre de la niña), estoy encantada con que tengas esos muebles, porque lo necesitas más que yo”. Eso es, debes escribir eso, de tu puño y letra, y Pequeño Copo de Nieve te escribirá una respuesta. Si solo se lo dices no podrá oírte. Haz tu letra clara y pequeña, porque la distancia es grande y el franqueo muy caro.

Tal día como hoy 22 de abril de 1910 nacía Mark Twain

Mark Twain (Florida, Misuri, 30 de noviembre de 1835 – Redding, Connecticut, 21 de abril de 1910.

Narrador, periodista y conferenciante estadounidense, nacido en la pequeña localidad de Florida (en el estado de Missouri) el 30 de noviembre de 1835 y fallecido en Redding (Connecticut) en 1910. Aunque su verdadero nombre era el de Samuel Langhorne Clemens, es universalmente conocido por su pseudónimo literario de Mark Twain, nombre que adoptó a finales de los años cincuenta a raíz de sus experiencias como aprendiz de piloto fluvial en el río Mississippi. Considerado, en principio, como un simple humorista dotado de gran capacidad para llegar a los lectores merced a su espléndido uso del habla coloquial como lenguaje literario, mostró después tal habilidad para captar los arquetipos míticos de la América de su juventud y crear algunos de los personajes más memorables de la narrativa norteamericana, que a la postre ha pasado a la historia de la Literatura universal como el escritor más popular de su país y el padre de la prosa coloquial estadounidense.

Vida y obra

Nacido en el seno de una familia típica de la clase media rural norteamericana, desde los cuatro años de edad residió en el pequeño pueblo de Hannibal, en donde vivió una infancia feliz en contacto permanente con el río Mississippi que lo regaba y con los barcos fluviales que lo visitaban constantemente. Con el paso de los años, las experiencias acumuladas durante este período infantil y juvenil junto al gran río (entre 1839 y 1853) habrían de dejar una huella indeleble en la obra literaria de Mark Twain, quien contribuyó poderosamente a forjar la dimensión mítica y aventurera del Mississippi en la imaginación colectiva de sus compatriotas.

Biografía:Henry de Montherlant, (París, 20 de abril de 1895 - 21 de septiembre de 1972)

Procedente de una familia de Picardía que pertenecía tanto a la burguesía como a la nobleza, Henry Millon de Montherlant se propone muy pronto ser escritor.

Estudió en el Lycée Janson de Sailly de París.

Su primera experiencia en el campo es un diario íntimo (que destruyó al final de su vida). Una vez hubo muerto su padre, su educación se deja en manos de su madre, quien le transmitirá el gusto por la literatura. Quo Vadis? de Henryk Sienkiewicz, obra que le da a leer, marcará el resto de su vida y le proporcionará los temas que va a abordar a lo largo de toda su obra: amistad, toros, Roma y el suicidio. En España es conocido por su novela de signo autobiográfico Los bestiarios, en la que relata las aventuras de un joven de buena familia en el mundo del toreo andaluz.

Soy uno de los mejores escritores de esta era

ABC comparte cena y recital de piano con el autor estadounidense, que acaba de publicar «Perfidia», primera novela del segundo «Cuarteto de los Ángeles»


«Puede llamarme “Dog”». Con esta frase James Ellroy (Los Ángeles, 1948) rompe el hielo, cortante y enmudecedor, propio del encuentro entre dos desconocidos. No es una cita a ciegas, pero como si lo fuera. El escritor estadounidense, de visita en Madrid para presentar «Perfidia» (Literatura Random House), accedió a cambiar las reglas propias de la promoción: en lugar de la charla protocolaria (de duración preestablecida), hizo un hueco en su agenda para acudir, junto a ABC, a un recital de piano en el Auditorio Nacional. Ellroy es un melómano de la clásica y en su panteón de ilustres Beethoven ocupa el lugar principal. «¿Sabe? En otra época ni usted ni yo iríamos adecuadamente vestidos para ir a un recital de música clásica». Lo dice nada más subir al taxi, ataviado con su ya característica camisa hawaiana. Reconoce llevar los mismos pantalones desde que aterrizó en Madrid hace 24 horas y comenta que ha intentado compensarlo con una gabardina, que da al atuendo un toque «noir» muy acorde con su obra. Su figura, grande y desgarbada, recuerda a la de Julio Cortázar, estableciendo un curioso paralelismo físico entre dos gigantes de la Literatura.