Fernando Martínez Laínez presenta en el Museo Naval su nueva novela histórica, “El náufrago de la Gran Armada”


"Respecto a la Gran Armada más que hablar de una derrota habría que hablar de una catástrofe"

“El náufrago de la Gran Armada” es la novela que el escritor y periodista Fernando Martínez Laínez ha dedicado al capitán Francisco de Cuéllar que participó en "el desastre" de la Armada Invencible. Después de dar la vuelta a las Islas Británicas, naufraga en la costa irlandesa y emprende desde allí un viaje en solitario, que duraría más de siete meses, para salvar su vida llegando hasta Amberes donde escribió un memorial para enviárselo al rey Felipe II.

"Franciso de Cuéllar en su memorial revela cosas que no estaban muy claras todavía para España, por ejemplo cómo se habían perdido los 40 barcos que se extraviaron o cómo los españoles fueron masacrados y asesinados en las playas por los soldados ingleses nada más desembarcar", refirió en la presentación de libro.



Literatura rusa, diez impresicindibles

Máximas morales François de La Rochefoucauld

1. No es otra cosa lo que comúnmente reputamos por virtudes, que un conjunto de acciones y de intereses diversos que aciertan a ordenar nuestra industria o nuestra fortuna. Asi pues no siempre son el valor y la castidad lo que hace valientes a los hombres, y castas a las mujeres.

2. El mayor lisonjero de todos es el amor propio.

3. Por descubrimientos que se hayan hecho en el país del amor propio, quedan todavía en él muchas tierras incógnitas.

4. El hombre más hábil no lo es tanto como el amor propio.

5. Tanto depende de nosotros la duración de nuestras pasiones como la de nuestra vida.

6. Hace muchas veces la pasión un loco del más cuerdo, y un cuerdo del más loco.

7. Aquellas grandes y brillantes acciones que deslumbran son juzgadas por los políticos como efectos necesarios de grandes combinaciones; siéndolo por lo común del humor y de las pasiones. Así pues la guerra de Augusto y Antonio, que se atribuye a la ambición que tenían de hacerse señores del mundo, sería acaso un efecto de emulación y envidia.

8. Las pasiones son los únicos oradores que siempre persuaden. Vienen a ser un arte de la naturaleza cuyas reglas son infalibles: y mejor persuade el hombre más simple apasionado, que el más elocuente no estándolo.

9. Tienen las pasiones una injusticia y un interes propio que hace peligroso el seguirlas, y por el cual debemos desconfiar de ellas aun cuando parezcan mas racionales.

10. Hay en el corazón humano una generación perpetua de pasiones; de suerte, que la ruina de una es casi siempre el principio de otra.

Policías literarios

El policía de novela negra es el último, o el penúltimo, de una larga estirpe literaria que se remonta al chevalier Dupin, de Edgar Allan Poe. Poe creó el arquetipo del detective aficionado, el diletante genial, medio filósofo, medio científico, que toma atajos y se burla de los métodos policiales para atrapar a criminales casi tan brillantes como él mismo. Al crear a Sherlock Holmes, el detective consultor más famoso del mundo, Conan Doyle tomó muchas cosas prestadas de la figura de Dupin, la misantropía, un punto de orgullo y de desprecio, el tedio pertinaz, la inteligencia apabullante e incluso la compañía de un escudero que también ejerce de narrador y ayudante. Chesterton vistió a este cerebro con patas con la casulla de un sacerdote católico, el padre Brown, un hombre bonachón y desenfadado en donde la fe religiosa se junta con la luz de la razón para desvelar monstruos. Agatha Christie se desdobló en Hercules Poirot y en la adorable Miss Marple para continuar el mismo esquema clásico de la novela detectivesca: un misterio aparentemente irresoluble que se desvela apenas sin intervención física del investigador, como si el crimen fuese un problema matemático.

La teoría del estado de Dante Alighieri, escrito por Hans Kelsen


Hans Kelsen es uno de los más grandes filósofos del derecho del siglo XX. Fustigador implacable del decisionismo jurídico y de toda voluntad de reducción de la esfera jurídica a ámbitos considerados más determinantes, como el socioeconómico (en el marxismo) o el político (en Carl Schmitt), ha suscitado una poderosa influencia a la larga (a pesar de las prevenciones que pudiera provocar su concepción de “lo específicamente jurídico”). Su huella puede perseguirse en los grandes debates sobre positivismo jurídico versus ius-naturalismo en la filosofía del derecho de las tres últimas décadas.


Escribió esta aproximación a la concepción jurídico-política de Dante Alighieri cuando contaba sólo 24 años. Hay que tener en cuenta este dato para admirar su preparación cuando apenas salía de la fábrica estudiantil y, también, para no exigir otra cosa que un excelente ejercicio (eso sí, de altísimo nivel). Algo llama la atención desde el comienzo: el enorme atractivo del asunto elegido, y de la figura tomada en consideración. El buen gusto es condición necesaria.