Arturo Onofri .- La mañana


Siente el sabor del aire esta mañana,
un sabor a hierba y a naranja,
como los jardines de una fábula
que duermen todavía embalsamados
en nuestra infantil memoria.

Refresca tu gesto alegre
la sombra oscilante del sauce;
inconscientemente te mueves
como las curvas lejanas de las montañas
que el viento circunda y tiñe de azul.

Pero tu dulce brío quizás alude
al aliento de nieve irreal
que exhalan hasta aquí abajo
los países que oculta el sol
en las lejanías heladas.

No canta ni un pájaro,¡y somos tan felices!
Una chispa salta del corazón del guijarro
que tu paso lanza sin detenerse,
mientras que la hierba absorta
gira y tiembla súbita
el soplo que dormía.

¿Oyes? Ésta es la voz
que el oído no entiende
sino sólo el despertar de tu silencio
entregado al sueño celeste de la música.
Ésta es la mañana
color de mi escalofrío.

Y yo con palabras inocentes
voy como palpando
los fugitivos contactos de estos momentos con el cielo:
son además saludos de amor,
 bella atmósfera de una felicidad silenciosa
reflejada en el contorno de nuestro horizonte.



Cuadro: Andrea Tavernier, Mañana otoñal.


Noche de Paz, su extraño origen

Innumerables son los casos en los que de un pequeño contratiempo han salido grandes ideas e inventos y una de esas ocasiones es lo que propició que surgiera ‘Noche de Paz’, el villancico más famoso y cantado en todo el planeta.

Debemos situarnos en la Iglesia de San Nicolás, en la población austriaca de Oberndorf, donde, en las horas previas a la celebración de la Misa del Gallo en la Nochebuena de 1818, el sacerdote Joseph Mohr que debía impartir la ceremonia se percata que el órgano de la iglesia está estropeado y tiene que modificar en poco tiempo las canciones que esa noche interpretarían los miembros del coro.

Para ello se reúne en el domicilio de Franz Xaver Gruber, organista y director del mencionado coro, con la intención de preparar los villancicos que deberán ser acompañados por una guitarra.

Con la intención de aportar algo nuevo a la ceremonia de aquella noche, Mohr le muestra a Gruber un poema que había escrito dos años atrás cuando oficiaba en la parroquia de la pequeña aldea de Mariapfarr.

El poema se titulaba ‘Stille Nacht’ (Noche de silencio) y en poco más de dos horas Franz Xaver Gruber le compuso una melodía y lo arregló para ser cantado por un tenor y una soprano y el acompañamiento del coro y una guitarra.

Durante las siguientes navidades el villancico siguió cantándose un año tras otro, pero como algo local entre los feligreses que residían en Oberndorf. Fue en 1833 cuando, en una de las muchas ocasiones en las que volvió a estropearse el viejo órgano de la iglesia de San Nicolás, viajó hasta allí Karl Mauracher (uno de los mayores expertos y maestros organistas) que acudió a reparar el instrumento, encontrándose con la partitura del villancico, copió y se llevó para interpretarla al órgano en Fügen, la población donde residía.

Fue el propio Mauracher quien le pasó una copia del villancico a la ‘Familia Rainer’, una saga de cantantes tiroleses que recorría toda Europa interpretando todo tipo de canciones populares. Éstos decidieron incorporar el villancico a su repertorio (que la interpretaban como si se tratara de una antiquísima canción del folclore tirolés, ya que desconocían quienes eran los autores). Llegaron a cantar ‘Stille Nacht’ frente al emperador Francisco I de Austria o el zar de Rusia Alejandro I e incluso en 1839 viajaron hasta Estados Unidos, donde realizaron una gira.

El villancico se hizo sumamente famoso y fue incorporado a un buen número de cancioneros populares, pero la identidad de sus creadores era totalmente desconocida.

No fue hasta hace dos décadas (en 1995) cuando se descubrió el manuscrito original y pudo determinarse quiénes fueron los autores del villancico más famoso del planeta.


Alfred López
Fuentes de consulta: stillenacht.info / silentnight.web.za