William Gibson, Neuromante, pesimismo atroz

La pesimista visión del futuro de Gibson es atroz

¿Qué puede decirse de NEUROMANTE que no se haya dicho ya? Desde su publicación en 1984, nadie duda en afirmar que se trata de un hito en la CF, como lo es la Trilogía de las Fundaciones de Isaac Asimov o la saga de Star Wars en el cine. Curiosamente, la secuela de comentarios y análisis que originó NEUROMANTE llegaron a nuestro país antes que la novela en si.

Por ejemplo, se dice que el término ciberespacio, que forma parte ya de nuestro lenguaje cotidiano, fue acuñado por William Gibson y utilizado por primera vez en esta novela. Lo primero es cierto, pero el término ciberespacio (cyberspace) aparece por primera vez en un cuento de Gibson que forma parte del volumen QUEMANDO CROMO (BURNING CHROME, 1981), también editada por Minotauro. Gibson, como el mismo afirma, no es un científico de formación, por lo que su aproximación a los conceptos informáticos es más imaginativa que predictiva, lo cual no quita un ápice de interés a sus novelas y cuentos.

Excalibur, según la película de John Boorman

Excalibur, de John Boorman

Sin lugar a dudas, Excalibur está concebida para resultar la definitiva versión cinematográfica de la leyenda artúrica, y por ello sus responsables la afrontaron con el ánimo de que el incondicional encontrara en ella cuanto se supone que debe estar. Desde los combates de Uther Pendragon por el trono de Inglaterra, ayudado por su consejero, el mago Merlín, hasta el engendramiento del futuro rey en Ygraine, duquesa de Cornualles, bajo un hechizo que lo camufla bajo los rasgos de su esposo; desde el episodio de la espada en la piedra hasta los combates para que Arturo sea reconocido rey por los vasallos que se resisten a aceptar a un soberano de dudoso origen; desde la amistad con el mejor caballero del mundo, Lanzarote del Lago, y la boda con la hermosa Ginebra hasta la constitución de la Tabla Redonda; desde el adulterio de la reina con Lanzarote al episodio del Santo Grial; desde la batalla final contra su hijo Mordred hasta la desaparición final, en el mar, llevado por unas hadas, se supone que a la mágica isla de Avalón. Todos los episodios, elementos y personajes (o casi) que cualquiera es capaz de identificar en la leyenda, se hallan presentes, y es fortuna del guión del propio Boorman y Rospo Pallenberg, a partir de una adaptación de éste último de la obra de Thomas Malory, que la síntesis parezca consecuente en tan apretado metraje y no aparezca el fantasma del apresuramiento o de la mera adición.



Excalibur, la espada