Hermes, el dios griego de Barcelona

Hermes en  Barcelona

Cuenta el mito que Hermes y Heracles fundaron la ciudad. Pero ningún otro dios está tan presente en sus plazas y calles como él. Y los 'cazadores de Hermes' lo descubren en un libro.

Según la mitología, la diosa Atenea fundó Atenas. Y mucho antes de Rómulo y Remo, el héroe troyano Eneas estableció los cimientos de lo que sería Roma. La leyenda cuenta que Heracles (el Hércules romano) fundó las ciudades de Sevilla y Cádiz, pero antes llegó a Barcelona con su hermanastro Hermes, el dios alado. Así como Atenea es la fiel protectora de Atenas, Barcelona permanece bajo el influjo de Hermes, dios del comercio, de los viajes, de las artes, de la astronomía... Cientos de estatuas y representaciones herméticas decoran las calles, plazas y casas de la ciudad desde los tiempos de la Barcino romana. 

Hermes llegó a Barcelona con Heracles después de que su barco se extraviara, en plena expedición argonáutica para buscar el vellocino de oro junto a Jason. Su barco apareció ante la montaña de Montjuïc y el lugar gustó tanto al dios y a Heracles que decidieron fundar una ciudad llamada Barca nona, en referencia a la novena barca extraviada en la que ellos viajaban. Tal es el origen mitológico de la ciudad (al menos, una de sus versiones). Y queda recogido en el libro La Barcelona d'Hermes (Albertí Editors), publicado por los Cazadores de Hermes, un grupo de fans del dios que lleva años documentando sus trazas.

Cuatro grandes escritores y el deporte como parte importante de sus vidas

 

Ernest Hemingway, Jack Kerouac, JR Tolkien y Haruki Murakami

Durante años hemos asistido a la dicotomía entre deportistas e intelectuales. Los segundos tendían a despreciar a los primeros por su falta de compromiso con el estudio y la lectura. Mientras, los que practicaban y veían deporte directamente ignoraban a los otros. Como si no existieran. Lo hemos visto en numerosas películas y tv movies de institutos y universidades nortemericanas. En sus tramas se ve una división clara entre los guapos y musculados deportistas y los ‘nerds’ empollones ratones de biblioteca.

Bloomsbury en las Alpujarras

Brenan recibió varias visitas de sus amigos del círculo de Bloomsbury a su casa en Yegen: el matrimonio Woolf, el extraño triángulo amoroso de Dora Carrington, Lytton Strachey y Ralph Partridge, o el filósofo Rusell, que estuvo a punto de morir .


Se había levantado un fuerte viento. Atardecía y pronto habría que encender los candiles. Gerald Brenan encendió la chimenea y sirvió queso y vino a sus invitados. El matrimonio Woolf se sorprendió de lo veloz que avanzaba la noche negrísima. El crepúsculo era apenas un breve suspiro, un fugaz momento, un abrir y cerrar de ojos mientras se contemplaba el paisaje.

Naturaleza, simbolismo y Art Nouveau

Art Nouveau

El “arte nuevo” se gestó en una época de renovación de movimientos e ideas. Inscrito en el simbolismo, se relacionó con la literatura y la música y tuvo en la naturaleza una de sus fuentes de inspiración, pero dando preferencia a su estructura más que al esplendor externo.

Al finalizar el siglo XIX, creció el deseo de liberar el arte del academicismo que, a pesar del eclecticismo, no dejaba de ser un peso para la creatividad de los artistas. Con ello comenzó a fluir y extenderse la conciencia de que empezaba una nueva era, lo que acrecentó la esperanza de un arte nuevo.(2)