Canción sobre los tontos


Anton Pablich Chejov una vez advirtió
que al listo le gusta aprender, y al tonto enseñar.
De tantos tontos que he encontrado en mi vida
hace tiempo que tenía que haber sido condecorado.

Los tontos adoran reunirse en bandada.
Con su jefe a la cabeza, en todo su esplendor.
De niño creía que un día me levantaría,
y no habría tontos – habrían volado todos.

Ah, mis sueños de infancia… ¡qué error!
de tonto que era vivía en las nubes.
La naturaleza tiene una sonrisa astuta…
Por lo visto hay algo que no tuve en cuenta.

Pero el listo pasea en soledad en círculos,
valora la soledad por encima de todo.
Y le cazan a mano tan sencillamente,
y en seguida le pescan de todos el primero.

Cuando no haya tontos empezará una época
que no imaginamos ni describimos…
Con el listo es difícil, con el tonto, malo
¿dónde hallaremos el justo punto medio?

Ser tonto es útil, pero no tengo demasiadas ganas,
ser listo, sí que quiero, pero siempre se acaba mal…
en el futuro siempre nos espera algo malo.
Pero, tal vez, lleguemos a un término medio.

Bulat Okudzhava, cantante ruso de origen georgiano
http://cancionesrusas.es/

Literatura ocupada

El conflicto entre Israel y los territorios palestinos condiciona los contenidos y el desarrollo de la industria editorial en la región


Al escritor Ahmed Masoud, residente en Reino Unido, le denegaron la entrada a Israel, donde aterrizó el 21 de mayo para participar en el PalFest, un festival literario que busca “romper el cerco impuesto a la cultura palestina”. ¿Su crimen? Ser ciudadano de Gaza. A David Grossman, que perdió a su hijo Uri en 2006 en la guerra de Líbano, le han hecho desaparecer de las estanterías de Obeikan, una de las grandes cadenas de librerías en Arabia Saudí. No importa que sea crítico con el Gobierno ultraderechista de Benjamín Netanyahu por su trato a los palestinos: tiene pasaporte israelí y eso también se paga. A Colum McCann, reputado escritor irlandés afincado en Nueva York, le torcieron algo más que el ceño el día en que por pura carambola le invitaron a hablar en el Festival de Escritores de Jerusalén —con financiación del Ejecutivo israelí— y en el Palfest —apoyado por el British Council— y dijo que sí a los dos. “Sabía que iba a ser controvertido. Pero siempre hay más de dos verdades y yo necesito ver el mundo de forma caleidoscópica”.

El caballero del Jabalí Blanco, primera novela de la serie sobre la reconquista de José Javier Esparza.

‘El caballero del Jabalí Blanco’

otra novela histórica española que se convertirá en serie de televisión como ‘La Reconquista’

Hace unas semanas os comentaba cuatro novelas históricas (dos nacionales, dos internacionales) que estaban en vías de convertirse en series de televisión. Hoy, os traigo otra que ha sido anunciada en estos días. Se trata de la novela El caballero del Jabalí Blanco (Esfera de los Libros), primera novela de la serie sobre la reconquista de José Javier Esparza.

Santiago Posteguillo: “Los malos, en la literatura, son fundamentales”

Escipión y Trajano (protagonistas de sus dos trilogías) son personajes ignorados por la literatura histórica. ¿Eso es lo único que tienen en común?

Santiago Posteguillo. Escritor español. Autor de exitosas novelas históricas sobre la Roma antigua.

Sí, y ese es un aspecto que fue importante para que yo me centrara en ellos, porque una de las cosas que he intentado hacer en estas trilogías es recuperar grandes personajes históricos que estaban injustamente olvidados.  ¿Qué más comparten? Comparten también ser poseedores de una serie de valores: la nobleza, el honor, la virtud, la lealtad, la capacidad de liderazgo. Además, los dos fueron grandísimos militares.  

El asedio que marcó a la actual Europa

En 1448 subió al trono Constantino XI Paleólogo, al que cabe el honor de haber sido el último emperador de Bizancio, más o menos un milenio después de que otro Constantino, el primero en el trono del Imperio romano de Oriente, iniciara el fecundo devenir de la gran capital del Bósforo. En efecto, más de un milenio hacía que el visionario emperador Constantino I, apodado «el Grande», pusiera, sobre los cimientos de la vieja Bizancio helénica, la primera piedra de la ciudad que habría de consagrar su nombre en la historia: Constantinoupolis, la ciudad de Constantino. Y durante ese milenio «hacia la ciudad» –«eis ten polin», en griego, de donde probablemente viene el nombre actual de Estambul– se dirigieron todas las miradas de admiración del mundo entero, pero también el fluir incesante de la cultura, la política y las artes. Bastaba con decir «he polis» para evocar todo aquel esplendor, como otrora bastara con decir la urbe («urbs») para la gran capital de Occidente, la Roma eterna, antes que la segunda Roma del Cuerno de Oro tomara el testigo de la historia. Todo aquel mundo estaba pendiente de un hilo a mediados del siglo XV, como bien viera Edward Gibbon, que pone en este episodio emblemático del sitio de Constantinopla el punto final de la larga vida de un gran imperio que llevó el nombre de Roma.


El sueño imperial otomano

Para congraciarse con Occidente, el último Constantino, a varios siglos del Gran Cisma, abrazó la fe católica. Quería conseguir ayuda ante el estrecho cerco al que le habían sometido los turcos otomanos. Pero ya sin esperanza, al darle la espalda a Bizancio las cortes europeas de Occidente, se aprestó a prepararse para resistir el asalto final del sultán Mehmed II contra Constantinopla. Mehmed, también llamado «el Grande», se había propuesto como meta personal vencer la milenaria resistencia de la capital bizantina y con ello completar el sueño imperial otomano, que en adelante sería la única potencia de la zona. En la tradición, Constantino XI se ha convertido en una especie de héroe legendario de la caída de Bizancio, como lo describe Sir Stephen Runciman en su ya clásica crónica literaria de la caída de la capital de Oriente. Ahora contamos con una nueva y vivaz descripción de este estremecedor episodio, el libro «Constantinopla 1453» de Roger Crowley, que se erige en digno sucesor de la prosa de Runciman. Aunque el «Decline and Fall» del gran Gibbon, brillantemente reeditado en castellano por Atalanta, sigue siendo imprescindible a nuestro ver.