Novela histórica El Etrusco – Mika Waltari

Cuando uno se pone a escribir de ciertos libros y ante determinados lectores, siente cómo la responsabilidad se apodera de los dedos que teclean las letras que conforman las palabras. ¿Cómo no desmerecer la obra? ¿Cómo incitar a la lectura de la misma a los remisos a este autor? No se trata, como bien sabéis, de convencer a nadie, sino más bien de transmitir las emociones que necesitas compartir.
Y si bien compartir impresiones es sencillo, no lo es tanto transmitir emociones.

La principal de ellas, la que en mi interior resume toda la novela, es la evocación. En esto Waltari se mostraba insuperable, ya que a su condición de narrador habilísimo, dueño de una melancolía otoñal, le unía su formación teológica y filosófica, que le hacía recorrer un extraño camino paralelo a Nietzsche, ese que le llevaba por la vía de lo irracional, del mito y del paganismo más apegado a la naturaleza. Un sendero mediterráneo para ambos, nórdicos de nacimiento.


Ustedes me perdonarán por el anterior párrafo, pero considero vital para esta novela dejar caer la noción de irracionalidad. Comprenderán, pues, que para mi lectura de “el etrusco” necesite decir que la obra, a parte de ser una novela de viajes, de aventura y de sucesos históricos, lo es también de filosofía, de esa filosofía que nos muestra al pensamiento clásico griego como asesino de ideas más ancladas en la naturaleza, en lo irracional.

Dicho esto, haré una pequeña sinopsis de la obra:
Turmo, el inmortal, es el narrador y protagonista de la obra. Comienza a recordar la historia de su vida cuando ésta toca a su fin. No es casual este hecho, pues dota, al igual que en Sinuhé, a la novela de una melancolía que siempre acompaña a los libros de Mika Waltari. Intuimos que se trata de un hombre sacro, muy arraigado en las costumbres de su tierra. Pero pronto conocemos que no siempre fue así; el inicio de su historia, que se dispone a escribir, comienza de camino a un Oráculo de Delfos que está en los últimos coletazos de su cenit, en medio de lo que la Historia ha dado en llamar “la revuelta de Jonia”. Turmo acude a purificarse, pero no como un simple humano, aunque a veces dé señas de ello, sino como los antiguos héroes, los cuales cada vez que acudían a la pitia provocaban convulsiones en el Oráculo. Allí conoce a Dorieo, hijo de aquel personaje espartano, medio mítico medio histórico, que terminó habitando el subsuelo de Sicilia (en realidad, históricamente es el mismo Dorieo, tanto el padre como el hijo). Pronto les une una gran amistad y serán compañeros en una de las naves comandadas por Dionisio de Focea en la Batalla de Lade. Como es bien sabido, la derrota de la flota jonia hizo de este navarca un pirata que acosó a las naves fenicias en su huída a Sicilia. De camino, conocen a un galeno llamado Micón que rápidamente conformará la tripleta de amigos que desembarcarán en Sicilia. Allí Turmo conoce a Arsinoe, sacerdotisa del templo de la Afrodita de Erix. Esta mujer marcará, para lo bueno y para lo malo, gran parte de la vida del protagonista. Tras diversas vicisitudes, Turmo y Arsinoe acabarán en la inmunda e incipiente hija de la loba, en Roma, cobijo de ladrones y asesinos, de recios y avaros patricios y plebeyos con aspiraciones, de augures etruscos y sitios sagrados; en resumen, cobijo de romanos. Allí la naturaleza inmortal de Turmo irá ganando en conciencia, sobre todo a raíz de sus continuos viajes a las ciudades etruscas.

Como podréis ver, y la mayoría conocer, es un viaje por zonas con mucho peso histórico y en una época en la que lo menos interesante que se podía hacer era tener una familia en el Mar Tirrénico habiendo nacido en Asia Menor. Aunque sólo sea para acercarnos a un tiempo tan interesante como en puridad fue este, merece la pena la lectura de “el etrusco”.

Pero ¿qué decir del estilo de Mika Watari? Sólo observaré que a la habilidad narrativa ya antes referida hay que sumarle un gusto por el detalle del discurso interno,por el hilado de pensamientos, un placer por atar todos y cada uno de los cabos que surgen del protagonista. Este detalle, entre lírico e introspectivo, quizá haga que alguno se aleje de su lectura, pero lo que es seguro es que, si toca en ti cierta tecla, te sume sin remisión en las páginas del libro. Su estilo, ora afectado ora arcaico ora épico y siempre directo en sus diálogos, tampoco ayudará a quien no se sumerja desde un principio en las líneas del maestro finés. Por otro lado, si bien es cierto que no abunda el humor, cuando este aparece es tan fino e inteligente que das por cubierto este campo.

La construcción de sus personajes es consistente, aunque caigan a veces en los arquetipos. En este aspecto, es tan profunda su visión de los lugares comunes, que hace de los tópicos mecanismos vivos, que evolucionan y trascienden en matices. Ya saben, el protagonista masculino se muestra como mecido por el destino, sin saber muy bien dónde conducen sus pasos y sin ubicación en el mundo. El acontecer le golpea sin que aparentemente haga nada por protegerse. Poco a poco, mientras gana en madurez, adquiere sabiduría, hasta alcanzar un destino glorioso y, a la vez, melancólico. Los papeles femeninos son similares, en cuanto a que son igual de tópicos (la mujer fatal, caprichosa, voluble y calculadora y la hacendosa, anegada y bondadosa)al tiempo que profundos y desconcertantes. Los personajes secundarios suelen presentarse caricaturizados, sin la ambigüedad del protagonista y como contrapeso de éste. Pese a todo, muestran igualmente una hondura que les aleja de ser personajes planos.

Dichas estas cosas, que son una constante en la obra de Mika Waltari, he de decir, curioso lector, que lo que la diferencia de otras novelas suyas es ese mensaje que subyace, al que con anterioridad referí y en el que no abundaré para no aburrir más.

En definitiva, los que no hayáis leído el libro y ni siquiera lo tengáis, adquirirlo. No os arrepentiréis, lo juro por los inmortales.

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Biografía del autor, Mika Waltari

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