François Rabelais: Gargantúa y Pantagruel (la novela carnavalesca)

Gargantua

"... Gargantúa y Pantagruel son un conjunto de cinco novelas escritas en el siglo XVI por François Rabelais. Es la historia de dos gigantes, un padre (Gargantúa) y su hijo (Pantagruel) y sus aventuras, escritas de forma satírica, entretenida y extravagante El argumento de la obra se basa en el de una novela popular medieval. Comienza con el nacimiento del protagonista, un gigante llamado Gargantúa, hijo de Grandgousier y Gargamelle y heredero del reino de Utopía.

Juan Manuel de Prada.- La esperanza rusa


Escribía Chesterton que la ortodoxia es la única forma de heterodoxia que nuestra época no admite. Y tenía razón. Durante los ya más de veinte años que llevo polemizando en periódicos he comprobado que el enjambre de disidencias que el mundo cobija y propicia son, en realidad, cebos (¡y placebos!) que se arrojan a las masas para alimentar la demogresca. Liberales y socialdemócratas, conservadores y progresistas, mantienen un rifirrafe banal, una disensión meramente ‘procedimental’ que encubre un acuerdo en lo fundamental; pues, a la postre, todos ellos postulan un mundo sustentado sobre los mismos cimientos y sostenido por las mismas estructuras, aunque disputen histriónicamente sobre los adornos de la fachada. La única disidencia fundamental que nuestra época no admite es la postulación de un orden cristiano, pues como afirmaba también Chesterton hay en él una dinamita capaz de renovar el mundo en cualquier época. Quien se atreve a postular ese orden cristiano (quien se atreve a ejercer la única disidencia radical que nuestra época no tolera) se tropieza de inmediato con los vituperios mancomunados de liberales, socialdemócratas, conservadores y progresistas, que sirven todos al mismo amo. Algunos ya hemos criado callo (y espolones), de tanto recibir vituperios; y en la tribulación nos consolamos con aquella formidable promesa que se nos lanzó desde una montaña: «Bienaventurados seréis cuando os injurien, os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos porque vuestra recompensa será grande en los cielos».

Juan Manuel de Prada: La esperanza rusa ( y II )


Cualquier persona que se haya acercado sin anteojeras a la literatura, la filosofía o el arte rusos habrá descubierto que, más allá de sus logros estéticos o intelectuales, lo que caracteriza sus mejores obras es su trasfondo místico. Esta vocación mística del genio ruso adquiere ribetes épicos en las coyunturas históricas más sacrificadas; y cuando esta vocación se reprime o adultera o anula puede llegar a provocar cataclismos feroces. Muchos han sido los intérpretes del alma rusa -de Soloviev a Solzhenitsyn, de Dostoievski a Berdiaev- que han augurado que la vocación de Rusia será salvar a Occidente de su decadencia. El monje Filoteo lo profetizó de modo sintético: «Bizancio es la segunda Roma; la tercera será Moscú. Cuando esta caiga, no habrá más».

Literatura alemana (3) : El periodo de la caballería y las Cruzadas (1050-1300). Poesía alemana medio alta.

Enrique VI  de Hohenstaufen

En el siglo XI, bajo la influencia del movimiento reformista proveniente del monasterio borgoñón de Cluny comienza a dominar en la literatura un espíritu de duro ascetismo. La iglesia en su lucha contra el emperador se vuelve de nuevo hacia el pueblo para realizar las reformas de Gregorio VII y aunque los poetas del principios de este período, era casi exclusivamente clérigos, al menos escribían en alemán. La literatura que producen consiste sobre todo en versiones rimadas de historias bíblicas y otros temas sagrados y está representada por el “Trova de los milagros de Cristo” de Ezzo, la paráfrasis del Cantar de los cantares de Williram (ambos c. 1060), y los poemas de Frau Ava. Algunos de los mejores poemas del momento se inspiraban en la devoción a la Virgen María, como “Driu Liet von der Maget" del sacerdote bávaro llamado Wernher (c. 1170). Es estos cantos hay una tendencia inequívocamente alemana hacia el misticismo. Un producto muy notable de la época, el medio legendario "Annolied," un poema del arzobispo Anno de Colonia (m. 1075). La “Kaiserchronik" (c. 1150), un largo poema que narra la historia del mundo y presenta una extraña mezcla de leyendas y conocimientos históricos. La amarga hostilidad del espíritu ascético hacia la vida mundana halla su expresión en la mordaz sátira de Enrique de Melk (c. 1160). Pero la ascética iba perdiendo terreno; bajo la influencia de las Cruzadas el prestigio de la casta caballeresca iba creciendo sin pausa. Era necesario llegar a un compromiso con el espíritu secular y los poetas clericales, para mantener su audiencia y poder competir con los juglares tenían ahora un recurso a temas mundanos. Y buscaron sus modelos en Francia.