Patrick Modiano: En el café de la juventud perdida

Por muchas quinielas que se hagan, las decisiones de la Academia sueca suelen ser impredecibles. En cualquier caso, el Premio Nobel de Literatura de este año, fallado hace pocos días a favor del escritor francés Patrick Modiano, ha sido una sorpresa no solo para el galardonado -que pensó que su hija le estaba gastando una broma cuando le llamó para decírselo-, sino incluso para Antoine Gallimard, su editor. Pero, afortunadamente, ha sido una sorpresa gozosa. Sin ningún género de duda, Modiano se merece este preciado reconocimiento, que se une a otros de gran prestigio ya obtenidos en su país, como el Premio Goncourt, el de la Académie Française y el Nacional de las Letras. Esperemos que el Nobel contribuya a que en España muchos más lectores disfruten de su sutil y exigente novelística.
En nuestro país, Alfaguara fue pionera en publicar algunos de sus títulos, editorial a la que después siguió Seix Barral. También otros sellos como Cabaret Voltaire, El Aleph o Pre-Textos tienen en su catálogo muestras de Modiano, aunque es Anagrama quien está poniendo al alcance del público español prácticamente toda su obra.
La editorial barcelonesa tiene previsto seguir recuperando la producción del escritor galo y ha anunciado la próxima publicación de Pour que tu ne te perdes dans le quartier (Para que no te pierdas en el barrio), que acaba de ver la luz en Francia. Hay que subrayar que la obra de Modiano cuenta con una traductora de lujo al español, María Teresa Gallego Urrutia, que ha obtenido diversas distinciones como el Premio Nacional de Traducción.

Este año, Anagrama ha publicado La hierba de las noches, reseñada en estas mismas páginas, y ha sacado en Compactos, su colección de bolsillo, En el café de la juventud perdida, excelente oportunidad para acercarse al flamante Premio Nobel. “A mitad del camino de la verdadera vida, nos rodeaba una adusta melancolía, que expresaron tantas palabras burlonas y tristes, en el café de la juventud perdida”. Esta cita del filósofo Guy Debord encabeza la novela de Modiano cuyo centro es el café Le Condé, punto de encuentro de la bohemia parisina de los años sesenta. Allí confluyen varios personajes, destacando la joven y misteriosa Louki, a quien conocemos a través de varias voces narradoras, incluida la de la propia Louki. El verdadero nombre de la joven, hija de una empleada del famoso Moulin-Rouge, no es Louki, sino Jacqueline Choureau, de soltera Jacqueline Delanque, que ha abandonado a su marido, por lo que este contrata a un detective para que la busque, y quiere empezar una nueva vida.
En el café de la juventud perdida encierra con brillantez todo el universo de Modiano, volcado en novelas de una intensa brevedad, con esa deslumbrante exploración de una memoria que persigue contestaciones quizá inencontrables: “Si toda aquella época sigue aún muy viva en mi recuerdo se debe a las preguntas que se quedaron sin respuesta”, sentencia uno de los narradores. Con ese inquietante rastreo en el enigma de la identidad, donde puede resultar imposible el hondo conocimiento de uno mismo y de los demás, a pesar incluso de estar próximos. Así, el marido de Louki ¿qué sabía verdaderamente de ella?: “Se sentaban juntos en aquel sofá, cenaban uno frente a otro y, a veces, con los antiguos amigos de la Escuela de Comercio y del liceo Jean-Baptiste-Say. ¿Basta eso para intuir todo cuanto sucede en la cabeza de alguien?”.
Adrián Sanmartín