Cristina Higueras “La novela negra ayuda a exorcizar nuestros demonios”


Cuenta Cristina Higueras (Madrid, 1961) que el germen de su novela se encuentra en el visionado de un documental sobre la intersexualidad, una anomalía por la cual una persona puede presentar discrepancias entre su sexo y sus genitales. “En el documental se explicaba que en un país como España había el mismo número de intersexuales que de pelirrojos y me interesó indagar en el tabú que había sobre el tema”, comenta. Dejando de lado su faceta como actriz durante más de un año, Higueras dio rienda suelta a su imaginación y a su pasión por la novela negra para pergeñar a partir de este tema un thriller a modo de rompecabezas con un sádico asesino en serie, El extraño del ayer (La esfera de los libros).


Pregunta.- Antes del El extraño del ayer ya había publicado un libro...
Respuesta.- Se llamaba Consuelito de la Ascensión y era una novelita de humor que me publicó Espasa Calpe en el año 95, imagina si ha llovido desde entonces... Traté de darle un estilo de novela picaresca y estaba basado en experiencias y anécdotas que había tenido durante mis giras como actriz, aunque a partir de ahí era una ficción. Pero El extraño de ayer es un proyecto más ambicioso. Consuelito de la Ascensión era una novelita corta y con un estilo totalmente diferente.

P.- ¿Desde cuándo le interesa la novela negra?
R.- Siempre he sido una gran admiradora del género. Desde que era adolescente he leído muchísimo, sobre todo a los clásicos, y en consecuencia también me ha interesado el cine negro americano de los años 40 y 50. Muchas de estas películas estaban basadas en novelas de autores como James M. Cain o Raymond Chandler.

P.- ¿Tiene alguna obra de referencia?
R.- Tengo varias. Por ejemplo Pacto de sangre de James M. Cain, que posteriormente llevó Billy Wilder al cine con el título de Perdición y que, además, adaptó Raymond Chandler. También grandes clásicos como El cartero siempre llama dos veces, del propio Cain, o Extraños en un tren de Patricia Highsmith que llevó al cine Hitchcock. De los contemporáneos me impactó muchísimo la trilogía Millenium de Stieg Larsson.

P.- De hecho el libro comienza con una cita del escritor sueco...
R.- Sí: “No hay inocentes solo distintos grados de responsabilidad”.

P.- ¿Cómo hizo para impregnarse de todos los detalles del mundo policial que refleja la novela?
R.- Dediqué un año de mi vida a escribir el libro pero tres meses fueron exclusivamente pura investigación. La novela se desarrolla en ambientes con los que no estaba familiarizada en absoluto: la policía, la medicina forense... Todo ello requirió una investigación exhaustiva pero tuve la suerte de contar con la ayuda de una inspectora de homicidios del Cuerpo Nacional de Policía (ahora la han ascendido a inspectora jefe), Rocío Carballo. Me permitió acompañarla a la Jefatura Superior de Policía, me contó muchas anécdotas y me mostró todo el proceso de la investigación de un crimen. Pero lo que más me ayudó a construir los personajes de las dos policías fue conocer el día a día del trabajo que muy poco tiene que ver con las series americanas.También hablé con varios forenses y con varios intersexuales... Estos tres meses fueron fundamentales para que luego la novela se desarrollase de manera creíble y verosímil.

P.- La acción trascurre casi en su totalidad en el noreste de Madrid. ¿Cuál es el motivo?
R.- Vivo por allí y conozco muy bien la zona. Quería que la historia tuviese una base sólida y real. Me interesaba mucho desarrollar esos crímenes truculentos en un ambiente costumbrista y muy cotidiano. En ese sentido reconozco la influencia de Stig Larsson y Millenium. He intentado lograr un contraste entre unos crímenes tremendos y oscuros en un ambiente muy luminoso, muy de Madrid de clase media, del día a día que puede vivir cualquiera en la capital.

P.- En la novela hay una crítica al sensacionalismo de los medios de comunicación. ¿Cree que esta práctica está muy extendida?
R.- Solo hay que estar atento a las conversaciones de la gente en el metro o en una cafetería. La mayor parte de las veces están hablando de fútbol o de los personajes del último programa sensacionalista, personajes que no voy a nombrar pero que todos conocemos y que son casi los héroes nacionales para nuestra vergüenza. Todos los países tienen este tipo de programas pero no la trascendencia que tienen aquí. A mí me parece bochornoso.

P.- ¿El oficio de actriz ayuda de alguna manera a la escritura?
R.- En un Premio Planeta hace dos años, cuando ya estaba pergeñando la novela, tuve la suerte de conocer a Alicia Giménez Barlett, a la que admiro muchísimo, y le pregunté cuál era su método de escritura. Me contestó que su universo eran las palabras. El mío, sin embargo, son las imágenes y creo que se debe a que ser actriz me condiciona como escritora. Toda la novela la he imaginado primero en imágenes que después convertía en sensaciones y palabras.

P.- ¿Y a la hora de construir los personajes?
R.- Decidí escribir en primera persona desde tres puntos de vista, algo que complicó bastante el trabajo, sobre todo al final. Pero tenía la necesidad de hacerlo así para identificarme con los personajes y ponerme en su lugar y, en consecuencia, hacer que el lector se identificara con ellos y que incluso pudiera justificarlos y comprenderlos. Creo que se logran muchos más matices que si hubiera optado por un narrador omnisciente. Puede que todo esto también tenga relación con el hecho de ser actriz porque de alguna manera los estaba elaborando como personajes a interpretar. He seguido la misma técnica que utilizo cuando trato de hacer a un personaje mio para encarnarlo delante de una cámara o sobre un escenario.

P.- ¿Por qué está tan de moda el género negro?
R.- Quizá porque el lector entra en un mundo en el que puede vivir experiencias distintas a la de su vida cotidiana. Y también porque puede sacar ese lado oscuro, que yo también he desarrollado en la novela. Uno exorciza sus demonios a través de la ficción.

P.- ¿Cómo ve la situación de la cultura en España?
R.- El estado es bastante lamentable. El hecho de que una entrada de fútbol tenga menos IVA que una entrada de teatro me parece lamentable. Y después esta el tema de la piratería. Alguien que no sea un delincuente no se plantearía asaltar una tienda de electrodomésticos y llevarse una lavadora. Sin embargo, a la gente le parece absolutamente normal descargarse una novela o una película sin pagar. Eso implica que hay muchas personas que consideran que la cultura no tiene el valor suficiente. 


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