¿Leer o escuchar El Quijote?

 
¿Cómo se disfruta más un buen libro: al leerlo o al escucharlo? Concretamente, en el caso de El Quijote, ¿qué pudiera ser lo más recomendable y por qué: su lectura u oírlo? Es probable que a más de uno sorprenda que se compare la lectura con la audición de un libro.

Como se sabe, desde hace varios años están en el mercado los llamados audiolibros, es decir, la grabación -para escucharse- del texto de las obras literarias.

Con respecto a esa relativa novedad, debe decirse de entrada que en principio el hombre moderno no está familiarizado con esa modalidad de tomar conocimiento, a través de los oídos, de lo que los autores nos han dejado por escrito.
 
Para probar lo anterior, basta llevar a cabo un breve ejercicio personal. Comprobaremos así lo que se sabe. Que tal vez salvo excepciones, no se disfruta igual un texto literario que percibimos a través del oído que si lo conocemos por la vista, es decir, leyéndolo personalmente y en silencio. Se capta y disfruta mejor el contenido de lo escrito por la vista que por la vía auditiva. Quizá como resultado de que, en general, hoy los humanos tenemos mejor memoria visual que auditiva.

Pero no siempre fue así. En su libro clásico sobre el tema, titulado "Entre la voz y el silencio. La lectura en tiempos de Cervantes", publicado tanto en nuestro país como en España, la filóloga germano-mexicana Margit Frenk demuestra, con abundancia de información y de referencias históricas, que fue justamente en los años en que se publicó El Quijote cuando dio inicio el proceso de transición de una forma de conocer los textos escritos, a otra notoriamente diversa. Se pasó de la lectura en voz alta y en grupo, a la lectura individual y en silencio.

De acuerdo a los resultados de su amplia investigación, Margit Frenk afirma que "todo eso que hoy llamamos literatura y que leemos a solas y en silencio, en el Siglo de Oro (el de la publicación de El Quijote) solía entrar por el oído y constituir un entretenimiento colectivo". (pág. 73, de la edición mexicana del citado libro de Margit Frenk)

Hacia principios del siglo XVII no era común, según se ha demostrado, la lectura a solas. Aun en estos casos, es decir, cuando se leía de manera individual, Frenk prueba también que solía hacerse en voz alta, salvo verdaderas excepciones, como la del propio Cervantes quien leía en silencio.

A lo anterior obedece, asegura la filóloga, que "los capítulos del Quijote rara vez son largos y tienden a una extensión regular…se diría que …estaban planeados así en función de posibles lecturas orales, pues en ellas era importante no cansar a los oyentes" (pp. 62-63 del libro citado). (7)

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