Biografía de Francisco de Moncada y Moncada


(Valencia, 27 de diciembre de 1586 - Goch (Alemania), 1635) Escritor, historiador, militar, diplomático y gobernante español, nacido en Valencia el 27 de diciembre de 1586 y fallecido en Gach (en los Países Bajos) en 1635. En los textos de su época, su apellido aparece citado tanto en su forma catalana (Montcada) como castellana (Moncada), aunque también hay referencias a su título nobiliario de marqués de Aytona.

Nacido en el seno de una de las familias aristocráticas más relevantes de la nobleza catalana, recibió desde niño una esmerada formación humanística y una completa instrucción militar que le permitió dedicarse tanto al cultivo las Letras como al ejercicio de las armas. Sin embargo, destacó más por sus trabajos intelectuales que por sus acciones bélicas, en buena parte debido a la limpieza y pulcritud de su prosa, así como al interés con el que profundizó en el conocimiento del pasado histórico de la corona catalano-aragonesa.

Hijo del virrey de Cerdeña y Aragón, don Gastón de Moncada (que también ostentó el privilegiado rango de embajador del reino en Roma), y de la baronesa de Callosa, doña Catalina de Moncada, el joven Francisco se preparó desde niño para desempeñar altos cargos públicos al servicio de la corona. Así, en 1623 fue nombrado embajador en Alemania, y diez años después, con motivo de la muerte de la infanta Isabel Clara Eugenia de Austria, hija del rey Felipe II, pasó a cubrir su puesto como Gobernador en Flandes (1633). En la palestra bélica, aunque no brilló por sus dotes de estratega, alcanzó también el alto grado de General de los Tercios de Flandes.

En su faceta de escritor, Francisco de Moncada dejó impresa una de las relaciones más detalladas y amenas de cuantas refieren las hazañas de los adalides Roger de Flor, Berenguer de Entenza y Bernat de Rocafort, que a finales del siglo XIII y comienzos de la siguiente centuria capitanearon la asombrosa gesta de los aventureros almogávares por la Europa mediterránea y el Asia Menor. Se trata de la obra titulada Expedición de los catalanes y aragoneses contra turcos y griegos (1623), en la que la visión encomiástica con que Moncada se acerca a los protagonistas de estas hazañas (a los que da el tratamiento de héroes y adjudica las más grandiosas proezas) no obstaculiza, por extraño que pueda parecer, el respeto absoluto con que el aristócrata catalán se enfrenta a la verosimilitud de los acontecimientos históricos. Humanista embebido en la mejor tradición de esos autores clásicos a los que tuvo acceso desde la infancia, el tercer marqués de Aytona emula en esta obra los modelos estilísticos y los planteamientos metodológicos legados por algunos maestros del género histórico como Salustio y Tácito.

Moncada se documentará a fondo. No se limita a la vieja crónica de Ramón Muntaner, protagonista de los acontecimientos, sino que utiliza todas las fuentes de información de que dispone, desde los exhaustivos Anales de la Corona de Aragón de Zurita, hasta varias obras de autores griegos: Jorge Pachimerio, Nicéforo Gregoras... Se esfuerza por mantener una cierta ecuanimidad y deplora con frecuencia los excesos de los almogávares, aunque siempre insiste en los motivos que, hasta cierto punto, los justifican, y muestra admiración ante su valor y destreza guerrera. Establece paralelos con la famosa retirada de los diez mil de Jenofonte, con la destrucción de las naves de Hernán Cortés, y otras famosas hazañas de todos los tiempos.

Idéntico enfoque aplicó Francisco de Moncada a otro escrito suyo que nunca llegó a ver impreso, ya que no vio la luz hasta que hubieron transcurrido siete años desde su desaparición. Se trata de la obra titulada Vida de Severino Boecio (1642), en la que el aristócrata valenciano volvió a centrar su lente de historiador ameno y puntilloso en las hazañas orientales de sus compatriotas de la antigua corona catalano-aragonesa, para relatar de paso el progresivo declive del Imperio bizantino. Aunque en la actualidad Moncada es mucho más recordado y valorado por la Expedición de los catalanes y aragoneses..., lo cierto es que esta obra póstuma gozó de gran apreciación en las academias, los cenáculos literarios y las universidades españolas del siglo XVII.
JRF.